Buenos hábitos cuando el examen de la OPE está cerca. Parte I.

El examen de tu OPE está cerca, ¿deberías aumentar tu estudio? ¿disminuirlo?

Ya estás notando la ansiedad ¿es perjudicial para el examen?

En el artículo de hoy, voy a analizar contigo este fenómeno que aparece unas semanas antes del examen. El objetivo es que tomes conciencia de cómo te puede ayudar, pero también de cómo te puede perjudicar. Vamos a empezar analizando qué es lo que está pasando.

¿Qué está pasando?

Ya han convocado la fecha del examen de tu OPE. Notas un hormigueo en tu estómago. Viene a tu mente una idea “Me falta mucho por estudiar”. O peor, autoverbalizaciones del tipo “Me va a salir fatal” o “Lo llevo muy mal”. Y sin querer, sin darte cuenta, estás estudiando 10 horas al día. ¿Es esto lo correcto? ¿Vas a hacer un mejor examen? Vamos a ver qué deberías tener en cuenta durante estos días previos al examen.

En primer lugar, si no has estudiado nada o casi nada y acaban de convocarte el examen. No sigas leyendo. Estudia todo lo que puedas. Pero una OPE no funciona así. Se basa en el trabajo continuado (no extenuante) durante meses de estudio. Así que no gastes tiempo con este post y sigue estudiando. Venga.

Si llevas semanas o meses estudiando…

Ahora ya sabes la fecha de tu examen. Tienes entre 1 y 3 meses.

En este periodo percibo en mis alumnos un aumento de las horas de estudio y de la dedicación. ¿Por qué? Fundamentalmente por el efecto “noche de cafetera”. Esto es un hábito instaurado en nuestro interior. Se basa en que cuando se acerca la fecha límite de algo incrementamos nuestras acciones para lograr la meta, incluso a costa de nuestro sueño y nuestro descanso. ¿verdad? Crees (en serio) que este estudio te va a colocar entre los mejores, que vas a avanzar enormemente en tu temario.

Adicto a la adrenalina.

Puedes pensar: “¡qué tonterías!”. ¿Por qué? Porque te está yendo súper, súper bien. Estás estudiando más que nunca. Y lo mejor de todo… ¡Toda la información se te está almacenando mucho mejor!

Yo también he experimentado ese “subidón” de energía. Y además todos somos un poco adictos a esta sensación de mejora en nuestras capacidades. Todos somos un poco adictos a la adrenalina.

Realmente, ¿qué está ocurriendo?

La ansiedad es una respuesta emocional intensa ante un estímulo. Permite la movilización de energía ante una amenaza inespecífica. Realmente nos preparara para la acción. Esto hace que:

  • Te sientas más descansada. Claro que sí. Llevas meses encontrándote agotada, fatal. Con las fuerzas justas para llegar a la cena. Y, desde hace unos días, ¡tienes energía para todo! Esta sensación es fenomenal.
  • Memorizas mejor. Antes las horas delante de los apuntes eran eternas. ¡Cuántas tardes de tortura delante de un tema que no se quedaba! Has pasado horas atascada en un tema. Y ahora… ¡todo entra en tu cabeza como si no costase! Qué maravilla.
  • Estudias más horas. Tenemos la mala costumbre de no medir o ver en qué gastamos las cosas importantes de la vida. La más valiosa, la más importante es el tiempo. Pero el ejemplo que lo expresa mejor es el dinero. Al igual que el tiempo, no solemos mirar demasiado en qué gastamos el dinero. Puede que no te hayas dado cuenta, pero en tu apretada agenda, en tu día a día, ahora dispones de 6 u 8 horas de estudio. ¡Parece que el día ha crecido en horas! Y sólo para ti. Además, casi no has dejado de hacer nada de lo que hacías antes. Sigues cumpliendo con tu trabajo. Y con tu familia. Sigues con todo. Pero tienes más tiempo para estudiar.

En resumen, tienes más tiempo, rindes más y tienes menos fatiga. ¡Ojalá que todo el tiempo fuera asi! Pero ¿por qué no es así siempre?

La adaptación.

La ansiedad es un excelente mecanismo de adaptación. Pero como emoción, es algo puntual. Algo que permite prepararnos para un peligro. Y una vez superado, volvemos a nuestro estado de equilibrio y de conservación de la energía.

Cuando mantienes niveles de ansiedad elevados durante días, aunque te encuentres bien, estás desequilibrándote. Estás invirtiendo más energía de la que recibes. Y este desequilibrio tenderá a desaparecer. Pero como todo en nuestro cuerpo y nuestra mente, cuando lo haga puede que sea de forma brusca.

Tu rendimiento está aumentado porque:

  • Ha aumentado tu concentración. Por un lado está el componente del pensamiento. Ya sabes que el examen está cerca. Tu mente desecha otros pensamientos porque la motivación ha aumentado. Fisiológicamente, se produce un efecto de focalización de la atención. Tu mente se orienta con más facilidad al estudio. No memorizas más. Tu concentración ha aumentado enormemente.
  • Sientes menos fatiga. Tanto física como mental. La respuesta física de ansiedad moviliza en el cuerpo los neurotransmisores y hormonas responsables de la activación física. Esto nos lleva a un mayor rendimiento. Nuestro cuerpo y nuestra mente nos envían menos señales de fatiga. Porque somos lo que somos (como especie) por nuestra capacidad de sobreponernos a la fatiga en situaciones límite.
  • Como ha aumentado la motivación, y sientes menos fatiga… ¡tienes más horas! Lo siento, sigues teniendo 24 horas. Sólo que ahora, tu motivación hace que otras tareas o hábitos te parezcan poco útiles. Como ha disminuido tu fatiga, no buscas las conductas que antes te servían para “evadirte” y descansar. Y por último, pero no menos importante, como tu concentración ha aumentado, en menos tiempo haces más.

¿Es peligroso dejarse llevar?

Este incremento tiene beneficios, pero también encierra peligros. ¿Quieres saber las ventajas e inconvenientes? Pues vamos con ello.

Ventajas.

Son las ya enunciadas:

  • Rindes más.
  • Memorizas mejor.
  • Aprovechas mejor el tiempo. Sacas tiempo de donde antes no lo tenías.

Inconvenientes.

  • Cansancio acumulado. Aunque no sientas la fatiga, tu cuerpo y tu mente se están cansando. Esto te lleva a desequilibrarte. Cuanto más prolongues este estado de hiperactividad, más probable será que un día colapses. Es cuando llega el agotamiento. Y a partir de ahí, el descanso diario es insuficiente. Precisa de varios días de desconexión. Y con el examen tan cerca ¿tenemos esos días?
  • Se acumula tensión. No sólo es el cansancio. También se va incrementando la tensión día a día. Tal vez no te estás dando cuenta, pero aunque te encuentras aparentemente bien, no tienes más alegría. Aumenta la exasperación. Los nervios cada vez están más “a flor de piel”. Pueden aparecer respuestas de hipersensibilidad o exageradas ante estímulos aparentemente inocuos.
  • La fijación de conocimientos puede que no sea la más adecuada. A medida que aumenta tu tensión, fijas más conceptos. De hecho hasta es más fácil evocarlos. Pero si se incrementa la ansiedad se puede producir un efecto de “tapar” lo que habías estudiado previamente. No es así, no pierdes esa información. Simplemente tu cerebro entiende que la información, el estudio, que adquieres impregnado de ansiedad, será información más importante. Información vital, necesaria para la supervivencia. Y una de las funciones básicas de nuestro cerebro es ayudarnos a sobrevivir. Si la tensión es muy elevada durante la memorización, sólo cuando se sintoniza con esta emoción, se evoca adecuadamente. Esto implica que si quieres recordarlo has de encontrarte con el mismo nivel de ansiedad. Y si éste se dispara, el rendimiento puede caer. Es una cuerda floja muy peligrosa.

Recomendaciones finales.

  • Analiza si estás estudiando más horas de las habituales.
  • Piensa si estas horas están siendo a expensas de tu descanso.
  • Mira si estás intentando asimilar conocimientos nuevos.

La semana que viene expondré las medidas a tomar para evitar que el día del examen se arruine por el efecto acumulado de la ansiedad y del agotamiento.

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Nos leemos la semana que viene.

 

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