#291: ¿Por qué tu cerebro te boicotea el estudio?

Para muchas personas que escuchan este podcast, y lo que es peor, para muchos más que no lo hacen, estudiar una oposición es una tortura. Una tortura autoimpuesta, aunque algún lector o escucha argumente que está obligado. Otro día examinaremos la paradoja de la elección y hablaremos del libre albedrío, ¡qué demonios! 

Hoy no. Hoy vamos a hablar de la tortura del estudio. Vamos a hablar de un hecho más frecuente de lo que a muchos les gustaría confesar. Habitualmente se escogen formas de estudio muy duras (muy muy duras) generando una batalla interna entre lo que “crees que tienes que estudiar” y lo que “estudias realmente”. Y lo que es peor, esta batalla, suele perderse. Siempre. Porque o bien te torturas y acabas abandonando o bien no logras cumplir lo programado y te acabas castigando. 

En todo caso, el resultado no pinta bien.

¿Por qué hay tanta diferencia entre lo que nos programamos y lo que estudiamos?

Esta sería la gran pregunta. La pregunta del millón de euros. La realidad es que dentro de todos nosotros hay dos personas (siempre parece que nos movemos en dualidades internas). En este caso, no se trata de un Ying-Yang. Aunque casi lo es. Me explico, hay dos figuras en tu interior. Tú eres las dos. La primera la llamaremos el “Yo Planificador” que es el que se levanta por la mañana y cree que irás dos horas al gimnasio, estudiarás sin descanso 8 horas y serás la mejor versión de tí mismo. Este yo es un optimista exigente. Quiere sacar lo mejor de tí, sin pensar en el sufrimiento.

Por otro lado, tenemos un “Yo Ejecutor”. Que no te engañe su nombre, es perezoso, taimado y le gusta hacer el vago. Mucho. Esta parte de nosotros se encuentra con el plan delimitado por el Yo Planificador, y empieza a buscar excusas, hasta que se sale con la suya. 

¿Cómo podemos lograr estudiar lo que nos planificamos?

Esta es una gran pregunta. En este episodio de lo que voy a hablar es que al Yo Planificador, hay que aterrizarlo. En el fondo es un soñador utópico. Quiere lo mejor, como ya he dicho, para todos nosotros. Pero parece influido por un guión de una película de superhéroes. Y tal vez lleguemos a ser superhéroes y superheroínas, pero necesitamos trabajar duro… Aunque no tan duro como muchas veces nos planificamos. 

Al Yo Ejecutor, hay que limitarle un poco. No podemos dejarle que actúe a sus anchas. Es un niño mimado y malcriado, al que le tenemos que quitar todos los juguetes. No como castigo, no. Para nada. Porque como niño que es, cuando empieza a hacer algo, le acaba gustando. Es decir, tienes que generar un ambiente donde no haya estímulos que te saquen del estudio y ponerte una meta accesible. Cuando esa meta la logra, el Yo Ejecutor es más feliz que con una maratón de series. 

De verdad.


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